... y yo conducía mi camioneta dirección a ninguna parte; en el equipo de música Bob Dylan se desgañitaba una y otra vez cantando “Like a Rolling Stone”, y mientras tanto, en el asiento del copiloto, ella dormía plácidamente tras habernos dejado la piel en carne viva en un cutre hostal de carretera la noche anterior.
La mañana y la efímera tarde la habíamos pasado recordando y riendo, por este orden...su sonrisa era quizás el único motor que me permitía conducir día tras día.
-¿Que habrá sido de todos ellos? - me preguntó con cierta preocupación durante el final de la mañana
-¿Y que será de nosotros? - le contesté yo. Mi respuesta no hizo sino incrementar su inquietud y así se mantuvo durante unos larguísimos minutos; ensimismada, mirando al infinito.
-Eso es jugar sucio ¿sabes? No puedes responderme con otra pregunta – dijo con tono solemne, algo completamente inusual en ella. Yo aparte la vista de la carretera y la mire directamente a los ojos; ojos negros como el azabache...podía sumergirme en ellos y sentir como la luz penetraba en la espesura de su oscuridad, y entonces, no pude evitar reírme con una carcajada feroz y atronadora. Ella rápidamente se sumo a mi risotada, y así nos mantuvimos durante unos minutos, sin conseguir parar de reírnos. Cuando las risas cesaron ella comenzó a acercarse lentamente hacia mi; deslizo suavemente hacia abajo la bragueta de mis pantalones baqueros y me beso el sexo de manera enfervorizada como si no hubiera un mañana, como si la nada no tuviera su fin. Yo no pude resistirme y aparque la camioneta a un lado de la desértica carretera. Perdí la cuenta del numero de veces que hicimos el amor durante aquellas horas, solo se que cuando logre vestirme y arrancar el motor de nuevo, el sol se ponía en el horizonte una vez mas; un día más; y ella dormía a mi lado desnuda, después de una noche en vela y una larguísima tarde recorriendo-nos hasta el ultimo recoveco de nuestros cuerpos.
Cuando despertó, la noche era ya muy avanzada y esta vez no tenia previsto parar a descansar. Ella tardó unos minutos en volver incorporarse y vestirse completamente y cuando finalmente lo consiguió, abrió la guantera y saco de ésta un CD pirata en el cual se podía leer escrito con tinta permanente “Onestidad brutal – Kalamaro – 1”. Introdujo el CD en el reproductor, y fue pasando canciones hasta que finalmente llego a la 17, rápidamente distinguí con los primeros acordes que se trataba de “paloma”. Ella bajo totalmente la ventanilla de su lado y se puso a cantarla voz en grito, sus palabras resonaban a lo largo de toda la carretera, diría incluso que a lo largo de todo el continente. A mitad de la canción me miro de nuevo con una sonrisa en el rostro -¿No piensas que “Paloma” es quizás la canción mas bonita del mundo?-
Durante unos segundos medite mi respuesta, dude que contestarle, hasta que finalmente aparte la vista de la carretera y volví a sumergirme en ella y su mirada; y aún a día de hoy sigo sin saber muy bien el porque de mi respuesta “Si, probablemente lo sea” le dije. Ella me deleito con una nueva sonrisa, todavía mas inmensa y gratificante si cabe. Al término de la canción se recostó de tal modo que su cabeza quedo apoyada en mi hombro, y de nuevo, volvió a quedarse dormida.
- ¿Que sera de nosotros? - me dije a mi mismo una vez mas. Llegue a la conclusión que siempre y cuando tuviera fuerzas para conducir hasta el fin de mis días la respuesta a esa pregunta carecía de sentido.
Mis ojos no alcanzaban a ver el termino de la carretera ni el final del infinito horizonte.

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